Evangelio del día

Dichoso aquel que no pierde su confianza en mí

carcel

En el evangelio de hoy podemos ver como Juan el Bautista, aún estando en la cárcel sigue queriendo conocer a ese hombre que se hace llamar el Mesías. Por eso se queda como extrañado, ya que al enviar a sus seguidores y que estos le cuenten todo lo bueno y misericordioso que hace por los demás, es algo diferente a lo que tenían en mente sobre el Salvador y no es alguien duro que haya venido para poner las cosas rectas.

Porque solo mediante la bondad y la ayuda al desfavorecido, se podrá conseguir que esta persona realmente se pueda salvar, no sólo por el cuerpo sino también por lo más espiritual que llevamos en nuestro interior. De esta manera es la que nos quiere enseñar el Señor que es como tenía que revelarse el verdadero Hijo de Dios.

Al igual que recordando un hecho que le ocurrió a una persona conocida, él durante sus primeros años no lo sabía pero, estaba lleno de un espíritu que le había concedido el Señor, aunque no fue hasta que llegó un sembrador que se mostró con total amor y ternura, fue cuando a través de la Palabra, cultivándola hizo que germinara de manera esplendorosa. Ahora mismo, aún sigue creciendo y convirtiéndose en un gran fruto, hasta el día en que toque ser recogido por el sembrador y sea salvado.

 

Lectura:

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!»

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.” Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.»

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