Evangelio del día

Evangelio según San Marcos 8, 22-26

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Jesús tiene cómo profesión oculista. Él es quien tiene la obligación de graduar la vista a todos aquellos que no ven bien y en la lectura de hoy, se comprueba en el ciego. ¿Pero porqué primero ve regular y luego completamente bien? Eso se podría equiparar a nuestra fe: en un principio entra dentro de nosotros, pero aún es una semilla débil; después ya es cuando comienza a hacerse visible y notamos cómo crece, ahí es donde tenemos una graduación algo más correcta de la que nos toca y ajustada a nuestras vidas; por último alcanzamos una completa fe en el Señor y sus actos en nuestro camino, sabemos que por fin tenemos la vista perfecta porque Dios nos ha puesto unas gafas adecuadas a nosotros, con las que somos capaces de verle diariamente en todo lo que nos ocurre. Por fin podemos ver cómo el ciego, al que le dijo que no volviera al pueblo ya que eso mismo tenemos que cumplir: no podemos retroceder en nuestros actos y quitarnos las gafas por temor a lo que puedan pensar de ellas.

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