Evangelio del día

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

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Evangelio según San Lucas 1, 39-56

Nuestro interior es como un radar. Nos va indicando si nos acercamos o no a nuestro destino, y así reacciona Isabel al ver a María. Porque ella siente toda la gracia que hay en ella, al haber sido escogida por Dios para tan enorme plan suyo. El hecho de llevar en su vientre aquel que cambiará todo por completo, al menos toda la perspectiva con la que se miraba hasta entonces, significaba demasiado para aquella reunión.

Por ello, ya no era una simple reunión, sino que pasaba a ser algo grandioso y bendecido por el Señor, porque dos frutos de su voluntad se encontraban unidos por muy escasa distancia, entre las madres. Todo aquello no es ni mucho menos un final, ya que tiempo después volverán a reunirse aquellos dos que decidieron pedir cita para la posterior reunión, en el tiempo posterior al embarazo o mejor dicho, tiempo en la sala de espera.

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