Evangelio del día

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida 

Evangelio según San Juan 6, 51-58

Aún hoy día sigue siendo un misterio la consagración del pan, cuando ya en aquellos tiempos entendían menos de lo que ya conocemos. 

Pero aún así no importa, porque lo comprendamos o no, ahí sigue estando el Señor. Aunque no conozcamos la razón de su perfección, hecha materia para así recibirlo en nuestro interior, da igual, ya que seguiremos quedándonos maravillados ante tal milagro. 

A veces, no hace falta intentar vivir felices, sino simplemente hacerlo y dejarse llevar por las circunstancias. Al mismo tiempo, basta con disfrutar del don de poder alimentarnos, con el Espíritu del Señor, y no buscar en vano una falsa explicación. 

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