¿Cómo preparo mi vida para la llegada de Jesús?

Evangelio según San Marcos 1, 1-8

Estamos en la segunda semana de Adviento, y al igual que la decoración de Navidad, es importante preparar otras cosas. Aunque más bien, son estos “elementos” los que preceden a los objetos para decorar la casa, ya que antes está el propio hogar del espíritu.

En el evangelio de hoy, se cumple la profecía de Isaías, en que Juan el Bautista prepara el camino al Señor. Él lo hace de una forma material, con agua. Ese método no se ha perdido, y aún hoy en día lo usamos para renovar nuestro cuerpo de la mancha del pecado original, para que habite Jesús. Pero aún así, no basta con ello. Es necesario acondicionarnos al fuego de Dios para acoger su Espíritu.

Para lograr esto, se requiere no solo de la oración- aunque muy importante para crear una buena relación con Dios, ya que al mismo tiempo que nos comunicamos con nuestros amigos para entablar amistad con ellos, así ocurre con el Señor- también se debe crear una “oración” con el prójimo, es decir, hacer ejemplo del mandamiento que nos dio Cristo.

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Emprender actos de caridad hacia los demás, aunque sean sencillos, sonreír más de lo normal o hablar con quien no somos capaces de hacerlo normalmente, son acciones que no cuestan nada pero que ayudan en gran medida a prepararnos para la venida del Mesías. Y sobretodo, todas estas obras que favorecen en transmitir la alegría del evangelio por doquier, son el mensaje real de la Navidad.


Lectura

1 Principio del evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios. 2 Como está escrito en el profeta Isaías:
«Yo envío a mi mensajero delante de ti,
El cual preparará tu camino.
3
Una voz clama en el desierto:
“Preparen el camino del Señor;
Enderecen sus sendas.”»
4 Juan se presentó en el desierto, y bautizaba y proclamaba el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados. 5 Toda la gente de la provincia de Judea y de Jerusalén acudía a él, y allí en el río Jordán confesaban sus pecados, y Juan los bautizaba. 6 La ropa de Juan era de pelo de camello, alrededor de la cintura llevaba un cinto de cuero, y se alimentaba de langostas y miel silvestre. 7 Al predicar, Juan decía: «Después de mí viene uno más poderoso que yo. ¡Yo no soy digno de inclinarme ante él para desatarle la correa de su calzado! 8 A ustedes yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo.»

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